Ficción "crossover": ¿estás leyendo bien El Principito?
Agosto de 2019. Detengo mi mirada en el vacío debajo de la última línea de El Principito. El libro del príncipe aventurero y del zorro amistoso que había leído hacía diez años emergía aquella mañana teñido de reflexiones simbólicas sobre la vida, la soledad, y la muerte. La pregunta, regalada: ¿cómo puede seguir considerándose Literatura Infantil?
Es complicado dar una respuesta sin descifrar antes la pregunta. La literatura infantil es aquella dirigida a los niños, pero ¿quiénes deciden dónde está la frontera? No son los niños. Tampoco los propios autores – Maurice Sendak, autor de Donde Viven Los Monstruos, reiteró que él solo había escrito un libro, y que otros se habían encargado de encasillarlo en este género. Sobre este concepto de Aetonormatividad, en el que un mundo dirigido a los lectores más jóvenes es dictado por adultos, algunos académicos como Jacqueline Rose llegan al extremo de cuestionar este apartado de la literatura. Parece justo considerar que una división rígida es artificial y subjetiva.
No es solo una cuestión de subjetividad, sino un ejemplo más de que nos perdemos lo representativo cuando tendemos a los extremos. ¿Podemos definir el paso de niño a adulto en un solo evento? Entendemos la transición a la edad adulta como una progresión, pero no que una obra pueda pertenecer a un lugar intermedio, desde el cual es moldeable desde más de una perspectiva. Encasillando El Principito, lo privamos de lo que lo hace una obra excepcional.
La seriedad de los temas que toca El Principito desde una perspectiva adulta es lo que nos hace preguntarnos si es apto para niños. En línea con lo moldeable de la interpretación del libro, el niño que lo lee se sumerge en un mundo de imaginación, del que extrae mensajes como la importancia de la amistad. Cuando lo revisita años después, descubre el mundo contemplativo y difícil que explora El Principito. Al descartarlo como infantil, posicionamos la lectura del adulto como superior. Creemos que la edad nos ha dado la lectura definitiva, pero ignoramos que hay una interpretación del mundo de Saint Exupéry que es solo accesible al lector más pequeño. Es el propio escritor el que deja esta reflexión a lo largo del libro, desde la famosa crítica que hace al inicio de la visión rígida de la serpiente como un sombrero a ojos del adulto.
No hay un mejor ejemplo de éxito de literatura Crossover, que cruza desde el ámbito infantil al adulto de forma transversal, que El Principito. Su asignación a uno u otro género no solo es artificial – lo priva de lo que lo hace único, y nos delata como el tipo de adultos en los que Exupéry temía que nos convirtiésemos.

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